Más de 10 años posicionando negocios en Google. Empezamos en un cubículo de 5 metros cuadrados donde no cabía ni la silla. Hoy trabajamos desde Alicante con un equipo de especialistas con mucha experiencia y una sola obsesión: que nuestros clientes crezcan.
Empecé en una agencia pequeña de Barcelona. Tan pequeña que la oficina era un cubículo donde apenas cabíamos dos personas. El día de la entrevista me dijeron que la oficina estaba en obras para que no la viera antes de aceptar las prácticas. Con el tiempo lo entendí: nadie habría aceptado trabajar ahí sabiendo cómo era.
Pero resultó ser la mejor escuela posible. Al estar prácticamente solo, no había nadie a quien delegarle nada. Si había que hacer SEO técnico, lo hacía yo. Si había que gestionar una campaña de Ads, también. Si había que hablar con el cliente, redactar contenido, analizar datos o presentar resultados, todo pasaba por mí. En dos años aprendí lo que en una agencia grande habría tardado diez.
Después de Barcelona, Vinaròs siempre fue casa. Pero Barcelona se había hecho grande y un poco fría. Cuando empezamos a buscar un sitio donde vivir de verdad, Alicante apareció como respuesta a todo lo que buscábamos: calidad de vida, clima, tamaño humano, mar. Y una ciudad con un tejido empresarial enorme y un mercado digital con muchísimo por hacer.
Montamos Boomerang porque queríamos hacer las cosas de otra manera. Sin permanencias que atrapan al cliente. Sin métricas de vanidad que rellenan informes pero no llenan cajas registradoras. Sin estructuras de agencia grande donde tu cuenta la lleva un becario mientras el socio aparece en la primera reunión y desaparece después.
Aquí trabajamos con un equipo pequeño y especializado. Un diseñador que sabe lo que hace. Un especialista SEO que conoce Google mejor que su propio teléfono. Un redactor que escribe para personas, no para algoritmos. Y yo coordinando todo, siendo el interlocutor con el cliente y respondiendo siempre al teléfono cuando llaman.
No son valores de página web. Son las razones por las que los clientes que llevan años con nosotros siguen aquí sin ningún contrato que les obligue.
Cuando un cliente llama, alguien contesta. No un contestador, no un formulario, no un bot. Puede parecer obvio pero en el mundo de las agencias es más raro de lo que parece.
No medimos impresiones ni visitas si lo que el cliente necesita son llamadas. El informe de fin de mes tiene que responder una pregunta: ¿ha generado dinero lo que hemos hecho? Si no, hay que cambiarlo.
Un cliente que se queda porque los resultados son buenos vale diez veces más que uno atrapado por un contrato. Desde el primer día hemos trabajado mes a mes y seguiremos haciéndolo siempre.
Si llegamos a una auditoría y vemos que el problema no es de SEO sino de producto o de precio, lo decimos. No vendemos lo que no hace falta. A veces eso significa perder un cliente, pero ganar su respeto.
La satisfacción más grande de este trabajo no es un buen dato en el informe. Es ver a un cliente que empezó contigo en una pequeña oficina expandirse a otras ciudades cinco años después. Eso es lo que nos hace seguir.
No somos una mega agencia con 50 empleados y cuentas que rotan entre juniors. Somos un equipo de especialistas que conocen bien su parte del trabajo y se coordinan para que el resultado sea coherente.
Trabajamos con un equipo pequeño y especializado. Cada persona hace una cosa y la hace bien. Sin generalistas que hacen de todo a medias.
Eso no pasa porque hayas hecho bien un informe. Pasa porque durante 4 o 5 años has trabajado codo con codo con esa persona, has entendido su negocio mejor que muchos de sus empleados y has conseguido que Google trajera clientes de forma constante mientras ellos se centraban en hacer bien su trabajo.
Es el tipo de resultado que no cabe en ninguna métrica pero que define exactamente por qué merece la pena hacer bien este trabajo.
Una llamada de 15 minutos es suficiente para saber si encajamos. Sin compromiso, sin pitch de ventas. Solo una conversación honesta sobre tu negocio y lo que podemos hacer por él.